Me impactó mucho la riqueza de su vocabulario, su inquietud intelectual y estampa tranquila.
Me habló de sus paseos por Bruselas, y de cómo le gusta perderse si rumbo fijo, colarse en espacios ajenos (arriesgando a veces su integridad fÃsica) y forzar accidentes con chispa como el de su encuentro con el bedel del Palacio de Justicia que le lleva a descubrir zonas de acceso restringido del inmenso coloso.
De paseos como estos le salen hermosas pinturas de edificios modernos, chalets opulentos, de trazos difusos y coloridos.
También destata por sus fotografÃas de movimientos completamente accidentales y espontáneos.
Su taller lo comparte con otros artistas de mayor edad, grandes contadores de historias que nacen de vidas curtidas en mil batallas. Me dice que, aunque le tientan a sucumbir en los encantos de lo banal y los olvidos dichosos del vino son grandes amigos e incluso a alguno lo eleva a la categorÃa de maestro.
Pablo no pierde el rumbo. Sabedor de cual es su trayectoria creemos que va a saber hacernos disfrutar con su arte y su persona un rato más.






Un trabajo estupendo el de esas pinturas.