Yo siempre pensé que lo de uno trabajando y cinco mirando era algo castizo, plenamente español, típico de un país subdesarrollado, poco eficiente.
Pero en todas partes cuecen habas. El viernes pasado, en la rue Neuve, vi un “espectáculo” que no pude más que fotografiar.
Parece ser que alguien, mejor algo, un camión de reparto, supongo, le había dado un fuerte golpe a una pequeña farola de las que iluminan esta calle. No se si con presteza o no, empleados públicos estaban allí, en pleno esfuerzo para sustituir la farola. O al menos arrancarla antes de que cayese por si sola y causase males mayores.
Hasta ahí nada de especial. Lo curioso era el esfuerzo humano y técnico desplegado. Unas diez personas o más estaban en el tajo. Los bomberos ya los veis en la foto que hay más abajo. Excepto los conductores de los camiones. Si los, en plural, porque había otro camión más que ya no cabía en la foto. También estaban los policías, varios, aunque en la foto sólo salga uno. Con su furgoneta, porque no iban a venir a pie. Parece que regulaban el tráfico no dejando pasar a la gente más allá de los conos, por si la farola decidía caerse, a pesar de estar atada a la grúa.
Todo un espectáculo, como decía al principio. Y en plena rue Neuve. Todo el mundo se paraba porque no comprendían el porqué de tal movilización.
De todas formas, algo porcentualmente superior ocurrió hace una semana al principio de mi calle. Es verdad que había menos camiones, pero yo creo que se superaba el número de personas y, además habían cortado el tráfico de una calle. Y todo para poner en su sitio uno de esos postes que hay en las aceras, de unos 6o cm. de altura, que algún automovilista había arrancado el último fin de semana.
En fin, que se cuecen habas en todos sitios.










Creo que se llaman bolardos.